Xilografía y lira popular chilena: un antecedente del fanzine a finales del XIX

Todos nos hemos visto, alguna vez, en la necesidad de comunicarnos con alguien que, por el motivo que sea, no habla nuestro idioma o tiene dificultades para entenderse con nosotros. Casi de forma natural, nuestras manos empiezan a buscar posibles gestos en un intento por facilitar la comunicación. Pero también podemos recurrir a otros trucos si tuviéramos más herramientas cerca, como, por ejemplo, un papel y un boli. Porque la imagen es un signo universal y poderoso capaz de construir puentes entre unos y otros.

 

A mediados del siglo XIX, el acceso a la lectura era un privilegio sólo al alcance de unos pocos. Es por ello que, en un mundo poblado por una mayoría analfabeta, la imagen desempeñó un papel protagonista dentro del sistema comunicativo de la sociedad como transmisora de cultura y saber. En este contexto, la lira popular nació como vehículo de expresión entre las clases humildes chilenas y los poetas populares, coloquialmente llamados puetas, quienes, valiéndose del enorme desarrollo que vivió la imprenta en el Chile decimonónico, publicaron sus escritos y los difundieron entre la población. Se trataba de grandes pliegos impresos con poesías de temática variada, generalmente relacionadas con sucesos de la vida cotidiana, en los que destacaba, por encima de todo, la enorme expresividad de las imágenes que acompañaban al texto, las cuales atraían a muchos lectores que, si bien no sabían descifrar los conjuntos de letras que constituían las palabras, sí comprendían muy bien la historia que aquellas figuras contaban. 

 

Un aspecto significativo de la lira popular chilena es que fueron los propios poetas los encargados de todo el proceso de producción: desde la creación inicial de los versos hasta la comercialización última de los pliegos. Incluso tenían la costumbre de declamar sus poesías ante un público callejero que era convocado de forma espontánea en plazas, mercados o estaciones de todo el país. Además, en muchas ocasiones, también eran ellos mismos quienes ilustraban los pliegos mediante la talla de planchas de madera que les permitían reproducir y reutilizar imágenes tantas veces como quisieran. Estas xilografías, cuyas formas iban más allá de lo puramente utilitario, llegaron a desarrollar todo un lenguaje propio que las dotó de plena independencia con respecto del texto escrito.

 

Aunque la identidad de estos poetas sigue siendo, en su mayoría, un misterio, sí ha trascendido el nombre de alguno de ellos, como el de los autores Bernardino Guajardo, Nicasio García o Daniel Meneses, y el de una mujer, Rosa Araneda

  • La xilografía en Latinoamérica: una expresión popular

Las primeras imágenes impresas que llegaron a suelo americano provenían de Europa, por lo que podría decirse que, en estos territorios, no se llegó a desarrollar un arte propio hasta que sus habitantes lograron alzarse con su independencia. Es por ello que las primeras manifestaciones artísticas nacidas dentro los nuevos Estados latinoamericanos se caracterizaron por el uso de temáticas y formas con un marcado acento nacionalista, lo que pone de manifiesto el empeño de sus artistas por plasmar la identidad y las raíces de su tierra. Además, la voluntad de conectar con la gran masa popular y entablar, así, una línea de comunicación alternativa, más pública y multitudinaria, fue fundamental en la constitución de los nuevos modos de hacer artísticos en la América libre. Dentro de ese contexto, el grabado, dada su capacidad de ser reproducido en papel un número ilimitado de veces, se presentó como el método que mejor respondía a todas esas necesidades sociales y culturales.

Uno de los más destacados representantes de esta modalidad de grabado popular fue el mexicano José Guadalupe Posada, nacido en 1852, quien supo trasladar al interior de sus matrices de madera el imaginario cultural del México más castizo, otorgando al motivo de la calavera un papel protagonista dentro de sus obras. La labor de Posada fue seguida por muchos otros artistas mexicanos, como Diego Rivera y la generación de muralistas, y continuada por grabadores actuales como Artemio Rodríguez, con cuyo trabajo mantienen viva el alma de ese arte popular que en su interior guarda el espíritu del pueblo.

Detalle de Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, Diego Rivera, 1947.

Artemio Rodríguez, Matria, 2004. 

  •  El discurso visual de la lira popular chilena

En lo que respecta al país chileno, una de las manifestaciones culturales vinculadas al ámbito popular de finales del siglo XIX fue, precisamente, la lira. Esta singular publicación de bajo coste, compuesta por dos espacios bien diferenciados -uno habitado por palabras y otro por imágenes- se convirtió en la expresión popular por excelencia del país chileno, donde tradiciones y costumbres de la época quedaron inmortalizadas para siempre. Estos pliegos solían incluir un título con letras de gran tamaño, cuya tipografía variaba en función de la temática a tratar en los versos de la parte escrita, seguido de una expresiva imagen, generalmente, tallada en madera: una xilografía. Estas representaciones gráficas, siempre privadas de color y estampadas en un sobrio negro sobre fondo blanco, solían ilustrar el contenido de las composiciones poéticas que rellenaban toda la zona inferior de la publicación. Debido al carácter tosco e infantil de estas impresiones xilográficas, han sido tradicionalmente olvidadas por los estudiosos que han dedicado sus investigaciones a entender y preservar la lira popular. Sin embargo, sobre todo en los últimos años, han sido muchos los que han puesto en tela de juicio esas consideraciones.

 

Ciertamente, la imagen en la lira popular fue un elemento imprescindible que explica la cálida acogida que tuvo entre las clases más desfavorecidas. Éstas, analfabetas casi por entero, sólo conocían el contenido de la lira a través de su formato oral, cuando sus versos eran entonados por cantores populares, o en su vertiente visual, mediante la lectura de la imagen. Dicho factor indica la enorme importancia que los autores de las liras otorgaron tanto a la musicalidad del poema como a la iconografía contenida en las xilografías. Este es el motivo que explica la extrema esquematización de sus figuras y el empleo de recursos tan básicos como el de agrandar aquello que se quería destacar. 

 

Pero no son sólo estampas xilográficas las que ilustran el relato de la lira. También aparecen otras manifestaciones plásticas procedentes de otras áreas de las artes gráficas, como litografías, fotografías o los llamados clichés de imprenta. Este uso de técnicas y procesos propios de la edición se debe a que muchos de los autores de lira popular atesoraban sus propios talleres. Estos elementos solían ser empleados indistintamente en múltiples pliegos tratando siempre de adecuarlos al contenido de los versos. Lo mismo se hacía con las matrices de madera, las cuales solían reutilizarse y modificarse en pro de la temática correspondiente.

En cuanto a los artistas que tallaron todas estas imágenes sobre las planchas xilográficas, apenas se sabe nada. A pesar de la enorme valía artística que actualmente se atribuye a estos grabados, parece ser que, por aquel entonces, la importancia se la llevaba el autor de los versos, quien, no obstante, en ocasiones también se encargaba de realizar los dibujos. Sin embargo, todo parece indicar que la imagen de la lira no gozó de prestigio alguno pese a que su valor artístico sea incontestable. Y es que su sorprendente parecido con novedosas creaciones vanguardistas de principios de siglo XX -como, por ejemplo, los grabados realizados por los integrantes del grupo alemán El Puente entre 1919 y 1920- podría dar lugar a todo un cuestionamiento acerca del componente expresionista oculto detrás de estos grabados que parecen haber sido realizados con una clara voluntad artística y comunicativa.  

Karl Schmidt-Rottluff, Mujeres en el mar, 1914.

La importancia de la imagen dentro del proceso de asimilación de ciertas formas literarias en el seno de la sociedad es absolutamente innegable. Su papel mediador como intérprete de la palabra escrita ha contribuido, de manera definitiva, al nacimiento de nuevas modalidades de literatura vinculadas al universo de lo popular que, de otro modo, dado el carácter hermético del signo gráfico, no habría tenido lugar. Posiblemente, una de ellas hubiera sido la lira popular, cuyas elocuentes imágenes constituyen una parte fundamental de la misma. Ellas son las encargadas de establecer un puente entre aquellos que desean entablar una conversación con la gran masa popular y aquellos otros que no han tenido la oportunidad de adquirir la capacidad lectora. De este modo, la lira popular no puede ser entendida desde una perspectiva puramente textual, sino que debe ser leída como un conjunto integrado a partes iguales por una dimensión visual y otra literaria.

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