Influencias literarias en Los Caprichos de Goya

Introducción: 

A lo largo de este artículo, se analizarán las posibles fuentes literarias que se esconden tras la serie de grabados realizada por el célebre pintor aragonés Francisco de Goya, bautizada bajo el nombre de Los Caprichos. Esta edición de estampas no sólo ilustra el atormentado y complejo mundo interior del artista sino que, sobre todo, son una ventana abierta al ambiente social y cultural de la España de finales del siglo XVIII, donde los tradicionales usos y costumbres del Antiguo Régimen colisionaron con los nuevos aires ilustrados, los cuales trajeron consigo una insólita filosofía antropológica de libertades renovadas y derechos modernos.

 

Fue, precisamente, esa realidad confrontada hacia la que Goya quiso alzar su voz empleando sus propias armas –pinceles, lápices, gubias y punzones–, dando lugar a un magnífico documento gráfico que se ha convertido en un valiosísimo muestrario crítico del contexto dieciochesco español.

 

Por todo ello, mediante el estudio de los distintos textos y grabados que, juntos, dan vida a la serie de los Caprichos, se intentará encender un pequeño foco de luz sobre el aún sombrío escenario de la España del XVIII, donde el férreo poder eclesiástico, un sistema educativo obsoleto, la práctica del matrimonio de conveniencia y la prostitución dominaban el panorama socio-cultural de la época.

Índice:
  • Introducción

1. La Ilustración en España

2. Creación y difusión de Los Caprichos

3. Influencias literarias en Los Caprichos de Goya

 

El sueño de la razón

La Iglesia y la superstición

El matrimonio

La prostitución

1. La Ilustración en España:

 

Idioma universal, dibujado y grabado por Francisco de Goya. El autor soñando. Su intento es sólo desterrar vulgaridades perjudiciales y perpetuar en esta obra de Caprichos el testimonio sólido de la verdad.

 

Con esta sentencia pretendía Goya dar comienzo a su serie de grabados, la cual aparece claramente abocetada en la parte inferior de un dibujo preparatorio a su Capricho 43, El sueño de la razón produce monstruos, y que resume a la perfección la intención oculta detrás de las inquietantes imágenes que componen la obra: una sólida e inclemente denuncia dirigida a la sociedad española de finales del XVIII.

 

Ese deseo crítico y reformista del pintor hay que ponerlo en estrecha relación con el hecho de que el movimiento de la Ilustración, que tanto calado había tenido en el resto de Europa, apenas llegó a España, donde es difícil encontrar muestras de él hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII. De entre las personalidades más destacadas de la Ilustración española cabe mencionar al ensayista Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) y su gran obra Teatro crítico universal (1726-1739). El padre Feijoo fue todo un pionero en la asunción de las nuevas ideas ilustradas provenientes del extranjero, las cuales no dudó en plasmar dentro de los numerosos tomos que componen su obra. A él le sucedieron otros escritores que recogieron su saber y continuaron su legado como, por ejemplo, el célebre José Cadalso (1741-1782), quien en sus Cartas Marruecas (1789) contagia al lector de la visión de una España anticuada y anclada en la tradición. Cadalso es el claro ejemplo de ese pesimismo generalizado que reinaba entre los intelectuales e ilustrados españoles de la época.

 

Los Caprichos son, por tanto, un reflejo de su tiempo cuyo contenido se ubica dentro de la misma línea de pensamiento que siguieron Fray Benito Jerónimo Feijoo y José Cadalso. No se debe olvidar, además, la fuerte vinculación de Goya con el círculo de intelectuales españoles, especialmente con Gaspar Melchor de Jovellanos, quien llegó a dedicarle un largo poema, al que tituló A Don Francisco Goya, insigne pintor.

 

En definitiva, ese afán por renovar y reformar la sociedad la sociedad española queda perfectamente plasmado en cada uno de los grabados que conforman los Caprichos, donde permanece materializado en imágenes el manifiesto político de los ilustrados españoles.

 A Don Francisco Goya, insigne pintor: 

 

Quise aspirar a la segunda vida,

que agradecido el mundo

al eminente mérito reserva,

de pocos adquirida

entre los que siguieron

la inspiración de Apolo y de Minerva.

Vanos mis votos fueron,

vano el estudio, y siempre deseada

la perfección, siempre la vi distante.

Mas la amistad sagrada

quiso dar premio a mi tesón constante;

y a ti, sublime artífice, destina

a ilustrar mi memoria,

dándola duración en tus pinceles,

émulos de la fama y de la historia.

A tanto la divina

arte que sabes poderosa alcanza,

a la muerte quitándola trofeos.

Si es dudosa esperanza

culpé de temerarios mis deseos,

tú me los cumples, y en la edad futura,

al mirar de tu mano los primores

y en ellos mi semblante,

Voz sonará que al cielo te levante

con debidos honores,

venciendo de los años el desvío,

y asociando a tu gloria el nombre mío.

 

Gaspar Melchor de Jovellanos

2. Creación y difusión de Los Caprichos:

 

Los primeros bocetos y dibujos sobre los que, más tarde, se construiría la serie definitiva de los Caprichos tienen su origen en el año 1793, fecha en la que Goya se traslada a Andalucía por problemas de salud, de los cuales se derivaría la característica sordera que tanto condicionaría la vida del pintor. No obstante, fue precisamente dicha enfermedad, que tanto tiempo le obligó a permanecer en cama, la que le permitió gestar con calma y tranquilidad el contenido de los grabados.

 

Con ellos, Goya inició una nueva línea artística dentro de su producción, mucho más personal y alejada de sus habituales compromisos y encargos. Los Caprichos no son simplemente una mera creación que cumple con ciertos requisitos estéticos, sino que su autor, valiéndose de una serie de recursos visuales, quiso trasmitir a través de la imagen un claro mensaje crítico a un amplio sector de la sociedad dieciochesca española que aún permanecía anclado en las rancias tradiciones del pasado.

 

Para ello, dejó a un lado el óleo y los pinceles y recurrió a distintos procesos de huecograbado –punta seca, buril, aguafuerte y aguatinta–, ya que su objetivo era alcanzar la mayor difusión posible y que su mensaje se propagara entre la población. Estas técnicas le posibilitaron la creación de una obra de arte seriada cuyo acceso era mucho más fácil y económico debido al gran número de copias que se editó.

 

De este modo, a principios de 1799 salieron a la venta trescientos ejemplares de los Caprichos, de los cuales cada uno contenía ochenta estampas. Se conserva un anuncio que apareció en el antiguo Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799 redactado por el escritor Leandro Fernández de Moratín donde se informa de la publicación de la serie de Goya:

 

Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al agua fuerte, por Don Francisco Goya. Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la eloqüencia y la poesía) puede también ser objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia ó el interés, aquellos que ha creido más aptos á subministrar materia para el ridículo, y exercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice.

 

Como la mayor parte de los objetos que en esta obra se representan son ideales, no será temeridad creer que sus defectos hallarán, tal vez, mucha disculpa entre los inteligentes: considerando que el autor, ni ha seguido los exemplos de otro, ni ha podido copiar tan poco de la naturaleza. Y si el imitarla es tan difícil, como admirable cuando se logra, no dexará de merecer alguna estimación el que apartándose enteramente de ella, ha tenido que exponer á los ojos formas y actitudes que solo han existido hasta ahora en la mente humana, obscurecida y confusa por la falta de ilustración ó acalorada con el desenfreno de las pasiones.

 

Sería suponer demasiada ignorancia en las bellas artes el advertir al público, que en ninguna de las composiciones que forman esta colección se ha propuesto el autor, para ridiculizar los defectos particulares á uno ú otro individuo: que sería en verdad, estrechar demasiado los límites al talento y equivocar los medios de que se valen las artes de imitación para producir obras perfectas.

 

La pintura (como la poesía) escoge en lo universal lo que juzga más a propósito para sus fines: reúne en un solo personage fantástico, circunstancias y caracteres que la naturaleza presenta repartidos en muchos, y de esta convinación, ingeniosamente dispuesta, resulta aquella feliz imitación, por la cual adquiere un buen artífice el título de inventor y no de copiante servil.

 

Se vende en la calle de Desengaño, nº 1, tienda de perfumes y licores, pagando por cada colección de a 80 estampas 320 reales de vellón.

 

Este ilustrativo anuncio muestra cómo los intelectuales de la época recibieron la obra de Goya. En él, su autor apunta a la enorme novedad de los Caprichos y remarca su fuerte espíritu crítico contra los “errores y vicios humanos”, así como contra la tradición más arcaica, la religión o la ignorancia de una sociedad aferrada a la superstición. Sin embargo, Moratín no deja de lado la valía artística de la serie, ya que afirma que en ella el pintor aragonés ha “ejercitado su fantasía” sin recurrir a modelos tomados del mundo real. De modo que, sin querer, Moratín desarrolla una incipiente crítica artística en la que se apunta a la innovación formal y estilística del artista.

 

Tras la caída de los gobiernos constituidos por intelectuales e ilustrados de enorme peso, como fueron Jovellanos o Saavedra, el mismo año de la publicación de los grabados y, sobre todo, a partir de la muerte de Goya en 1828, los Caprichos, debido a su explícito carácter crítico, fueron largo tiempo olvidados en nuestro país.

 

Muchos autores los han puesto en consonancia con las ya citadas Cartas Marruecas de José Cadalso. Si bien esta novela epistolar es menos directa a la hora de ejercer la denuncia contra la sociedad española, de ella también se desprende esa visión pesimista y nostálgica de un país donde el peso de la tradición es capaz de acabar con el progreso.

3. Influencias literarias en Los Caprichos de Goya:

El sueño de la razón

Dado que en un primer momento esta famosa estampa fue concebida como frontispicio de la colección, se conservan de ella numerosos bocetos y dibujos previos, tal y como se ha visto con anterioridad. En ellos aparece bajo el título de Sueño 1. Esto se debe a que Goya pretendía bautizar la serie de grabados con el nombre de Sueños como tributo a la obra satírica de Quevedo Sueños y Discursos.

 

Sin embargo, Sueño 1 pasó a ser el Capricho 43 en la edición final de 1799. En la  época de Goya, la palabra capricho se identificaba con ciertas “enfermedades de la razón”. Ha quedado constancia de ello en prospectos aparecidos en periódicos como El Censor o en poesía de autores como Meléndez Valdés o Jovellanos.

 

El sueño de la razón produce monstruos está protagonizado por el propio Goya sumido en un profundo sueño y, tras él, decenas de animales nocturnos. Con ello, el autor pretende lanzar la idea de que un país donde no reine la razón será poseído por toda una serie de lacras y vicios humanos

La Iglesia y la superstición

Teniendo en cuenta el fuerte carácter racionalista que caracterizó a la Ilustración y su lucha férrea contra las antiguas instituciones propias del Antiguo Régimen, la religión y la Iglesia, como no podía ser de otra manera, fueron duramente combatidas por los intelectuales ilustrados. Sin embargo, España era un país muy arraigado en la tradición cristiana y la Santa Inquisición continuaba detentando un enorme poder, sobre todo en lo que a la censura se refiere. Por ello, Goya adoptó un lenguaje muy simbólico en todos aquellos grabados cuyo mensaje oculto no era otro que el de una severa crítica dirigida a la institución eclesiástica.

 

La mayoría de estos grabados se centran en la ya mencionada Inquisición. En ellos aparece la representación de un auto de fe donde el acusado porta la coroza característica. Existe un texto de Voltaire, incluido en su Diccionario Filosófico, donde señala lo obsoleto y anacrónico de una institución como esta: Como se sabe, la Inquisición es una admirable y muy cristiana invención para hacer más poderosos al Papa y a los monjes y para convertir en hipócrita a todo un reino.

 

Dos buenos ejemplos son el Capricho 23 y el Capricho 24 y, probablemente, serían las obras que más problemas le traerían a Goya, quien se vería obligado a entregar las planchas originales de los Caprichos al rey Fernando VII en 1803. Hay autores que han relacionado estos dos grabados con la obra de Moratín Relación del Auto de Fe de Logroño del año 1610, quien también aprovechó para parodiar a la Iglesia y al clero.

         

En relación con este último libro, existe una segunda vertiente dentro de este bloque relacionada con el tema de la brujería y la superstición, asunto que fascinaba a los intelectuales ilustrados. Durante estos años había ganado gran popularidad un tratado de brujería del siglo XV llamado Maleus Maleficarum, el cual Goya pudo consultar en la biblioteca de los Condes de Osuna, para quienes había trabajado como pintor. Asimismo, el ya mencionado Relación del Auto de Fe de Logroño del año 1610 también trata el tema de la brujería. Buenos ejemplos de todo esto son los Caprichos 44, Hilan delgado, el 59, Aún no se van, o el 68, Linda maestra.

El matrimonio

Otro claro objetivo a combatir por los defensores de la Ilustración fue el matrimonio de conveniencia, ya que lo consideraban un instrumento de la aristocracia para perpetuar los estamentos propios del Antiguo Régimen. Dentro de los Caprichos, Goya hará una durísima crítica a este tipo de uniones a través de dos conceptos visuales.

 

El primero se centra en el tema de “la bella y el monstruo”, donde jóvenes mujeres son obligadas por sus familias a casarse con viejos ricos. Uno de los Caprichos donde mejor se aprecia esta cuestión es el número 14, Qué sacrificio, cuyo equivalente literario sería El sí de las niñas de Moratín, en la que la joven Paquita se ha de casar con Don Diego, un hombre acaudalado mucho mayor que ella. Asimismo, en las Cartas Marruecas también aparecen pasajes que ponen en tela de juicio este tipo de costumbres. Por ejemplo, en la Carta LXXV se habla de una mujer seis veces viuda, ya que siempre contrajo matrimonio con hombres excesivamente mayores: Todo esto se hubiera remediado –afirma la joven y sempiterna viuda- si yo me hubiera casado una vez a mi gusto, en lugar de sujetarlo seis veces al de un padre que cree la voluntad la hija una cosa que no debe entrar en cuenta para el casamiento.

 

El segundo concepto visual alude a aquellos matrimonios de conveniencia en los que la mujer acepta para tener las libertades de una mujer casada y, al mismo tiempo, tener un amante. Esta idea se plasma en el Capricho 2, El sí pronuncian y la mano alargan, título tomado directamente de un verso incluido en la obra de Jovellanos A Arnesto:

 

¡Cuántas, oh Alcinda, a la cayunda uncidas

Tu suerte envidiarán! ¡Cuántas de himeneo

buscan el yugo por lograr tu suerte

y, sin que invoquen la razón ni pese

su corazón los méritos del novio,

el sí pronuncian y la mano alargan

al primero que llega! ¡Qué de males

esta maldita ceguedad no aborta!

La prostitución

La problemática existente en torno al tema de la prostitución clandestina es otro de los ejes angulares de la serie de los Caprichos. Aquí, la principal fuente literaria que se esconde detrás de Caprichos como el 31, Ruega por ella, el 15,  Bellos consejos o el 28, Chitón, es el texto escrito por Nicolás Fernández de Moratín El arte de las putas (1769), prohibido por la Inquisición hasta el finales del siglo XIX. En él, su autor hace una defensa de las prostitutas muy moderna y solicita que se regule la apertura de burdeles.

 

En estos grabados de Goya siempre aparece la figura de la alcahueta acompañando a las jóvenes prostitutas, personaje que remite a la célebre novela de Fernando de Rojas La celestina (ca. 1499). 

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