El plástico como matriz para grabado: un experimento de reciclaje

El plástico como matriz para el grabado: un experimento de reciclaje recoge una investigación personal de soportes reciclados a partir de residuos caseros en los que poder tallar y grabar nuestras matrices. Dado que la mayoría de deshechos que enviamos a la basura están compuestos de plástico, ese ha sido el material protagonista de este experimento. Así, unos bricks de leche vacíos, unos fotolitos usados y un marco de fotos roto serán los soportes que darán vida a una serie de estampas experimentales, proponiendo con ello un uso alternativo para estos materiales de desecho.

 

Además, dentro de este artículo podrás saber más sobre la incorporación del plástico al mundo de la gráfica por artistas como Picasso a principios del siglo XX y el uso que los grabadores actuales hacen de él. Pero, sobre todo, El plástico como matriz para el grabado: un experimento de reciclaje y aprovechamiento es una investigación sobre cómo reutilizar materiales caseros y darles una segunda vida en el taller de grabado.

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1/El grabado sobre plástico

En los últimos cien años, el grabado no ha dejado de adoptar materiales y procesos industriales para aplicarlos al lenguaje de la gráfica. De este modo, las distintas técnicas de estampación han disfrutado de una continua implementación a medida que la sociedad tecnológica ha ido en avance. Las variantes modernas de la litografía como la algrafía, el grabado digital, la serigrafía o los procesos de fotograbado, son buenos ejemplos de todo ello.

 

Esta connivencia entre pasado y futuro en el mundo de la gráfica se ha traducido, por un lado, en la irrupción de nuevos lenguajes experimentales gracias a la integración de elementos recién llegados del ámbito industrial, y, por otro, a la incorporación de toda una serie de materiales que se han posicionado como grandes alternativas a los tradicionales, bien por sus ventajas a la hora de utilizarlos o bien porque resultan, sencillamente, más económicos.

 

El plástico, en sus distintas formas, ha sido uno de esos materiales que han venido para quedarse, y está presente en la labor diaria de muchos talleres de grabado. No son pocos los grabadores que emplean planchas de metacrilato para tallar sus matrices a la punta seca o quienes han incorporado el uso de resinas sintéticas o polímeros líquidos en sus colografías. Y es que una de las ventajas más destacadas del plástico con respecto a las tradicionales planchas de metal es su transparencia, lo que permite al artista transferir el boceto a la matriz de un modo mucho más rápido y sencillo. Además, el plástico no requiere del uso de ácidos o disolventes para su manipulación, es más manejable, y mucho más barato. Así, al igual que la xilografía encontró una alternativa a la madera en el linóleo, el grabado en metal ha encontrado la suya en las planchas de plástico. Si bien es cierto que el resultado final difiere, en buena medida, del obtenido con materiales tradicionales, todos estos nuevos soportes han aportando al mundo del grabado sus propios lenguajes gráficos, ampliando así el abanico de posibilidades expresivas con el que los artistas pueden trabajar.

Elián Stolarsky, obra gráfica de la exposición País extraño III en Ora Labora Studio

País extraño III, Elián Stolarsky, 2022. Punta seca sobre metacrilato. 

Las primeras referencias que se tienen de la introducción de plásticos como medio para el grabado se remontan a finales del siglo XIX, cuando un grupo de artistas franceses vio en las recién llegadas películas fotográficas un soporte perfecto para experimentar con sus puntas y punzones. Uno de ellos fue Félix Buhot (1847-1898), un grabador parisino que se hizo muy popular gracias a sus estampas de paisajes envolventes y escenas urbanas del Montmartre decadentista. Pero Buhot fue, sobre todo, un innovador a la hora de introducir nuevos materiales industriales al campo del grabado. Es a él a quien debemos la primera punta seca sobre nitrato de celulosa, una técnica que más tarde sería continuada, a lo largo del siglo XX, por artistas de la talla de Marcel Duchamp (1867-1968), Francis Picabia (1859-1953) o Pablo Picasso (1881-1973), quien llegaría a realizar numerosos grabados sobre este material.  

Paisaje, Félix Buhot, 1882. 

Pablo Picasso, Cara triangular. Punta seca sobre celuloide.

Cara triangular, Pablo Picasso, 1960. 

Marcel Duchamp y Francis Picabia, El equilibrio. Punta seca sobre celuloide.

El equilibrio, Duchamp y Picabia, 1958.

En cuanto al uso del plástico como medio autónomo en el desarrollo de nuevos lenguajes gráficos, hay que mencionar la labor del artista ucraniano Boris Margo (192-1995). Margo destacó por la introducción de resinas sintéticas para la fijación del carborundo, así como por el uso de acetatos como plantillas para crear interesantes gofrados sobre el papel desnudo. A estos últimos, Margo los bautizó como cellocuts y, si bien empezó a experimentar con plásticos a comienzos de 1930, no creó la serie definitiva hasta la década de los 60. Como anécdota, Boris Margo solía contar que la idea de crear estos curiosos gofrados la tuvo en 1932 mientras paseaba por las calles de Nueva York y se tropezó con el rollo de una película cinematográfica tirado en la acera. No dudó en recogerlo del suelo y llevarlo a su taller para experimentar con él. De este modo, Margo, al hilo de este artículo sobre reciclaje de materiales de desecho, es también un ejemplo en el reaprovechamiento de objetos que, a priori, no pertenecen al ámbito de las Bellas Artes.

Boris Margo, Cellocuts, grabado sobre plástico.

Las torres, Serie Cellocuts, Boris Margo, 1960.

Dentro de esta revisión histórica sobre el uso de plásticos como soporte para la obra gráfica, no puedo dejar de mencionar el trabajo de la artista uruguaya Elián Stolarsky (1990), con quien tuve el enorme placer de trabajar mano a mano en la estampación de su serie País extraño III en Ora Labora Studio. Y es que el uso que Elián hace del metacrilato y la punta seca es verdaderamente impresionante. Dentro de su producción artística, se pueden encontrar superposiciones de planchas talladas que crean efectos 3D, matrices que sólo se pueden contemplar en negativo mediante iluminación LED, y hasta pequeñas animaciones cuyos fotogramas son, en realidad, una sucesión de estampas individuales creadas a mano una a una.

Elián Stolarsky, Analogías. Punta seca sobre metacrilato.

Anagliflos, Elián Stolarsky, 2016.

2/Selección de materiales: a la busca de plásticos

Cada vez es más común encontrar tutoriales en Internet sobre cómo llevar a cabo distintas técnicas de grabado con materiales que podemos encontrar por casa. Todo ello, sumado a la información que he recogido en el primer apartado sobre el uso de los plásticos en el grabado a lo largo del último siglo, me animó a experimentar por mi cuenta. En mi caso, no suelo hacer uso del plástico como soporte para mis grabados. Pero, alguna vez, sí encuentro en la punta seca el medio perfecto para realizar ciertas imágenes, para lo que casi siempre utilizo planchas de metacrilato.

 

Me dispuse, entonces, a buscar por casa materiales que pudieran servir como alternativa a esas planchas. Y sobre todo, objetos que fueran a acabar en la basura, ya que uno de mis objetivos con este experimento es reutilizar envases, botellas vacías u otros restos del estilo que puedan funcionar como soporte. Sin embargo, no pretendo con ello imitar técnicas de estampación para las que ya existen unos materiales y procedimientos establecidos o proponer alternativas a éstos, sino, simplemente, experimentar con objetos reciclados de uso diario y dejarme sorprender, para bien o para mal, del resultado. 

 

Teniendo presentes todas esas cuestiones, y después de investigar otras técnicas viables para este experimento de grabado sobre plástico además de la punta seca, me quedé con tres objetos que, a partir de ahora, serán las matrices potenciales para mis estampas. Estos objetos son unos cuantos fotolitos usados que esperaban a ser llevados al contenedor de reciclaje, un brick de leche vacío, y un marco de fotos que no sobrevivió a la caída desde lo alto de la pared.

3/Litografía con fotolitos usados

La litografía es una técnica que se remonta al año 1798 cuando fue descubierta de forma casual por Aloys Senefelder, un artista francés que realizaba experimentos de grabado con los objetos más diversos. Fue un proceso revolucionario que, en su día, permitió la inusitada impresión en masa de imágenes a varios colores. Es probable que las litografías más conocidas de este período sean los carteles de estilo Art-Nouveau de Alphonse Mucha.

 

En el último siglo, la litografía ha dado lugar a muchas variaciones en una constante búsqueda de alternativas que ayuden a simplificar el complejo proceso tradicional, así como el abaratamiento de los costes. Una de las tentativas más recientes es la llamada poliestergrafía. Se trata de una técnica cuyos fundamentos de base son los mismos que los de la primera litografía. Emplea, como su nombre indica, planchas de poliéster recubiertas de una capa adherente capaz de recoger la tinta y un polímero hidrófilo que la expulsa. La gran ventaja de estas novedosas planchas es que simplifican hasta el extremo el proceso de levantamiento de la imagen de la litografía. En la poliestergrafía, una vez intervenida la plancha con lápices grasos o barras litográficas, sólo hay que entintarla y estamparla. No requiere del proceso químico tradicional.

 

Con la técnica de la poliestergrafía en mente, recogí unos cuantos fotolitos usados que estaba a punto de llevar a reciclar. Y es que los fotolitos que normalmente se utilizan en serigrafía también son, en realidad, papel poliéster. Claramente, estos fotolitos no están preparados para utilizarse como soporte de procesos litográficos. Pero me pareció buena idea emplearlos como soporte para probar el mismo proceso. Mi razonamiento fue el siguiente. Teniendo en cuenta que el plástico no absorbe el agua, si mojo la superficie del fotolito justo antes de pasar el rodillo, es probable que la tinta no se pose en ella. Por su parte, si el dibujo está realizado con un medio graso, éste debería repeler el agua y recoger la tinta. Así que recorté un área grande del fotolito que estaba en buenas condiciones y dibujé directamente sobre el papel poliéster con una barra litográfica.

Acto seguido, preparé la tinta calcográfica, no sin antes haber dispuesto una esponja y un recipiente lleno de agua para tratar de entintar la plancha. Mojé toda la superficie del fotolito con la esponja y, rápidamente, pasé el rodillo. Repetí esta operación varias veces hasta que me pareció que la imagen había retenido suficiente tinta. Si bien la zona libre de cera litográfica retuvo un poco de tinta durante este proceso, pude retirarla fácilmente antes de estampar. Pero hubo zonas del dibujo que no resistieron y se levantaron durante el entintado. Seguidamente, coloqué un papel encima de la matriz y lo pasé por la presión del tórculo. 

 

Lo primero que me sorprendió fue que la estampa resultante era muy similar al dibujo de la plancha. La verdad es que tenía muy pocas expectativas con este experimento porque, aunque los fotolitos de serigrafía se llamen papel poliéster, no tienen nada que ver con los empleados para poliestergrafía. Estoy segura que con acetatos u otros formatos similares funcionaría igual. Otra sorpresa más vino cuando, después de repetir unas pocas veces más el proceso de entintado, comprobé que la imagen se mantuvo bastante estable. Así que el dibujo sólo se desprendió parcialmente durante el entintado de la primera estampa, por lo que deduzco que esas zonas no agarraron bien durante la ejecución de la imagen a la superficie del fotolito. 

4/ Punta seca con un marco de fotos

La técnica de la punta seca consiste en la incisión directa de una imagen sobre una materia dura, tradicionalmente metales como el zinc o el cobre, con una punta o punzón, sin necesidad de emplear mordientes o ácidos corrosivos. Es por ello que el metacrilato se ha alzado como la principal alternativa a las planchas de metal, ya que no sólo es más barato, sino que, como hemos visto, pesa menos, se maneja mejor y es transparente. Por tanto, en este caso, lo que he hecho ha sido buscar superficies de plástico lisas y rígidas que puedan funcionar como alternativa a esas planchas de metacrilato.

 

Buscando por casa, he encontrado muchos objetos viables, sobre todo en la cocina. Envases planos, botellas de plástico y bricks con recubrimiento de aluminio pueden ser soportes perfectos para grabar a la punta seca. Pero yo, finalmente, me he decantado por la lámina protectora de un marco de fotos que hace unas semanas se cayó de la pared y quedó inservible. De este modo, extraje la hoja de plástico del marco de madera, la corté a la medida deseada, y la trabajé con mis puntas como si se tratara de una plancha de metacrilato. 

Acetato. Grabado en punta seca sobre plástico.
Grabado en punta seca sobre plástico.

Si bien las líneas resultantes son más toscas y requieren de una mayor fuerza para grabarlas con la punta, el resultado es realmente bueno, sobre todo para crear imágenes con velo y conseguir esos efectos difuminados tan propios de la punta seca. El único punto negativo de estas planchas es que la vida de la imagen sobre ellas es  muy corta. Tras cuatro o cinco estampaciones con el tórculo, los surcos abiertos con la punta han comenzado a cerrarse debido a la presión.

Grabado a la punta seca sobre metacrilato.
Grabado a la punta seca. Noche y estrellas.

5/ Colografía con bricks de leche

La colografía es una técnica de estampación denominada aditiva porque consiste en crear una imagen a partir de la agregación de distintos materiales sobre una plancha. Sabiendo esto, es fácil discernir la procedencia de ese extraño nombre. Colografía es el resultado de combinar las palabras collage y grafía. Y es que, tradicionalmente, las planchas de colografía se han creado a modo de collage, recortando, pegando y ensamblando toda una variedad de elementos sobre un soporte de cartón rígido. La colografía, también conocida como colagrafía, es, realmente, una técnica de carácter experimental que otorga una gran libertad a quien la practica. Sólo se ha de tener en cuenta la capacidad de resistencia de los materiales que elijamos para realizar el collage sobre la plancha, ya que éstos habrán de aguantar la presión del tórculo sin deformarse. 

 

Esa naturaleza experimental de la colografía, y su vinculación directa con la técnica del collage, resulta ideal para este experimento de reciclaje de plásticos caseros para grabado. Como base para la matriz, he aprovechado el cartón trasero del marco de fotos que utilicé para llevar a cabo la punta seca. Y como material para crear la imagen a estampar, he seleccionado unos bricks de leche vacíos. Resultan fáciles de recortar, su rigidez es adecuada, no tienen formas onduladas,  y me interesan las arrugas y la textura de su superficie interna. Además, aunque no sean de plástico, he completado mi collage con unas puntillas que encontré mientas buscaba posibles materiales para esta investigación. Y es que las verdaderas protagonistas de la colografía son las texturas. Por ello, en comparación con los procesos anteriores de poliestergrafía y punta seca, mucho más pautados y limitados, la colografía es la técnica perfecta para experimentar casi con cualquier material, por lo que podríamos aprovechar un sinfín de objetos, más allá de los plásticos, cuyo destino más próximo sea el vertedero, como parte de nuestras estampas. 

Colografía con bricks de leche. Matriz de grabado. Ainoa Riesco.
Colografía con bricks de leche. Ainoa Riesco.

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