Prueba de Estado I, exposición en la Galería 451

Prueba de Estado I es el título de la exposición que presentamos en la Galería 451 de Oviedo el pasado mes de abril. Durante dos semanas breves pero intensas, llenamos las paredes de esta pequeña sala, ubicada en la célebre calle Mon de la capital asturiana, con una selección de serigrafías, fotograbados y risografías que forman parte del proceso previo a la edición final. De ahí el título de la exposición. Las Pruebas de Estado o P.E. son todas aquellas estampas que el impresor realiza con anterioridad a la tirada comercial, por lo que cada una de ellas revela la evolución de la matriz sobre el papel. De este modo, cada P.E. es única y muestra el proceso de obtención de una obra gráfica.

 

Prueba de Estado I estuvo formada por una serigrafía y su fotolito, una edición de risografías impresas en naranja flúor, una progresión de pruebas de fotograbado, una compilación de máculas o sucios, y un texto que habla de las convenciones del grabado impuestas desde el mercado del arte; de la mano visible del impresor o estampador; y del día a día en el interior del taller de grabado.

 

Aquí os dejamos unas fotos de la exposición, el texto que escribimos para la ocasión, y el enlace a la crítica que Santiago Martínez, profesor de Historia del Arte en la Escuela de Arte de Oviedo, redactó sobre la misma en el Suplemento Cultural del diario asturiano La Nueva España.

Ficha técnica:

Prueba de Estado I
Ora Labora Studio
Galería 451
Del 20 de abril al 5 de mayo de 2024

Prueba de Estado I, exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.

Texto de la exposición:

Hay en el grabado un elemento interesante: el concepto de original múltiple. Toca directamente las claves del arte contemporáneo y, en particular, del mercado del arte contemporáneo. Sostiene que, al obtener una edición de estampas de una matriz —la plancha de cobre, la piedra litográfica, etc.—, cada una de esas copias es sutilmente diferente, única, debido al propio proceso de estampación. Señala, también, la mano que ha estampado la obra, destacando las decisiones tomadas durante dicho proceso y cómo estas determinan el resultado final: escoger un instrumento específico y no otro, alterar la viscosidad de la tinta, ajustar los tiempos de insolado o la forma de revelar, modificar la presión del tórculo, el ángulo de la racleta, etc. Una sucesión de elecciones en base a la experiencia previa y el saber profesional que producen, finalmente, una estampa única, particular; una estampa original. Pero también múltiple, porque va acompañada del resto de estampas, igualmente singulares, que se obtienen de la misma matriz y cuya suma conforma la edición.

 

Este punto de vista es tan cierto como interesadamente romantizado, entrando aquí en escena cuestiones que aluden a la esfera del mercado del arte. Nos referimos, en esencia, a la exclusividad. Más concretamente, a vender la experiencia de exclusividad. En nuestro campo, esta idea se remonta al siglo XIX, cuando la progresiva incorporación de los principios capitalistas a las economías europeas modeló, también, la mentalidad de los talleres de grabado. Con el anhelo de igualar en prestigio a la insigne pintura, madre de obras únicas y productos exclusivos por excelencia, maestras y maestros grabadores de toda Europa incorporaron la costumbre que hoy mantenemos de limitar la edición, llegando a destruir la matriz una vez estampada como promesa de sumo respeto al mercado. Fue, también, en ese momento cuando se empezó a numerar cada estampa, lo que dio lugar a la institución de toda una jerarquía de valor dentro de la propia edición. Y es que la necesidad de posicionar favorablemente la obra gráfica, inevitablemente múltiple y serial, dentro del mercado del arte determinó su conversión forzada en un bien escaso, y, en consecuencia, de lujo.

 

Más allá de las opiniones a favor o en contra que puedan suscitar las dinámicas del mercado del arte, la verdadera lástima es que, al seguir los parámetros establecidos para una minoría, la capacidad intrínseca del grabado de propiciar el desarrollo de un sistema artístico sostenible para una mayoría, debido a su naturaleza múltiple, quedó ensombrecida. Una capacidad que, a día de hoy, permanece arrinconada, casi muerta por inanición, cuyo florecimiento supondría una respuesta al omnipresente binomio precariedad-exclusividad de la creación contemporánea. Es por tanto que la práctica del grabado puede, y tal vez deba, ser política. O, al menos, consciente de sí misma.

 

Prueba de Estado I es un pequeño símbolo trazado en esa dirección; una paulatina toma de conciencia y posición que responde a nuestro día a día detrás de un taller de grabado. Y queremos hacerlo con un guiño a su nomenclatura, aquella que aglutina las normas que regulan la citada numeración y que designa los distintos tipos de estampas obtenidas durante el proceso de trabajo. Éstas son las Pruebas de Artista (P.A), las Pruebas de Taller (P.T), la Bon à Tirer (B.A.T.), y, por supuesto, las Pruebas de Estado (P.E.).Una Prueba de Estado es aquella que se obtiene en ese lapso temporal previo a la tirada comercial, y su única finalidad es la experimentación. A través de ellas podemos contemplar la evolución técnica y conceptual de una/muchas obra/s artística/s, así como de la mano-cabeza que la/s crea en la intimidad del taller, sin ninguna otra pretensión que la de continuar.

Prueba de Estado I, exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.
Prueba de Estado I, exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.
Prueba de Estado I, exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.
Prueba de Estado I, exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.
Prueba de Estado I, exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.
Prueba de Estado I, exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.
Crítica de Santiago Martínez en La Nueva España sobre Prueba de Estado I, la exposición de Ora Labora Studio en la Galería de arte 451 de Oviedo.

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